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 Palabra de la Dra. Zilda Arns Neumann


         Esta historia de amor se inició en 1982, en Ginebra, con una conversación entre James Grandt, director ejecutivo de Unicef, y el Cardenal Arzobispo de São Paulo, Monseñor Paulo Evaristo Arns, durante una reunión de la ONU. James Grandt estaba convencido de que la Iglesia Católica podría salvar a miles de niños y niñas enseñando a las madres acciones simples, como por ejemplo preparar suero de rehidratación oral para evitar la
deshidratación.

        Monseñor Paulo, mi hermano, me llamó por teléfono para hablar de la propuesta de James Grant. En ese momento sentí que estaba siendo llamada por Dios para una gran misión de vida. Le explique que a partir
de mi experiencia en salud pública, como médica pediatra y especialista en salubridad, no bastaba con enseñar a las madres a usar el suero oral. También sería preciso enseñarles sobre el prenatal, el amamantamiento materno, la vigilancia nutricional, vacunación, para que ellas supieran como cuidar a sus hijos para que “crezcan en sabiduría y gracia” (Lucas 2,52).

        Aprobada la propuesta, la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) indicó al entonces Arzobispo de Londrina, Don Geraldo Majella Agnelo, actualmente Cardenal Principal de San Salvador de Bahía, para acompañar el desarrollo del trabajo. El lema escogido fue “Para que todos los niños y las niñas tengan vida, y la
tengan en abundancia” (Jo 10,10). El proyecto piloto fue implantado en Florestópolis, municipio que pertenece a la Arquidiócesis de Londrina, en el norte del Estado de Paraná, que poseía un alto índice de mortalidad infantil: 127 muertes por cada mil nacidos vivos.

        Desenvolví la metodología comunitaria inspirada en el Evangelio que narra el milagro de la multiplicación de dos peces y cinco panes (Jo 6,1-15), que saciaron el hambre de cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños. Son acciones simples y baratas de educación y promoción de la salud, fe y de ciudadanía, ejecutadas por líderes voluntarios que organizan a las Palabra de la  comunidades en grupos de familias con mujeres embarazadas, niños y niñas de hasta seis años de edad, con las cuales comparten el conocimiento y la solidaridad. Estas acciones contribuyen también para el fortalecimiento del tejido social y para el mejoramiento de las políticas públicas, principalmente en las áreas de salud yeducación, promoviendo la disminución de la desigualdad social, de la mortalidad infantil y materna, de la desnutrición y de la violencia.

        La conquista de un mundo justo y fraterno nace en el corazón de cada persona, y de las actitudes positivas que van al encuentro del prójimo, especialmente de los niños y las niñas. Una de ellas es servir como voluntarios. La Pastoral del Niño y de la Niña, desde su fundación, es ecuménica y suprareligiosa. No hace distinciones de raza, color o partido político, ni ninguna otra. En Brasil son más de 270 mil voluntarios que acompañan cada mes a dos millones de niños y niñas menores de seis años y a mujeres embarazadas, de 1.5 millón de familias, de 43 mil comunidades, en 4063 municipios. La Pastoral del Niño y de la Niña Internacional está presente en otros 17
países de África, Asia y América Latina.

        Sus extraordinarios resultados se deben a la metodología que une Fe y Vida, a la promoción de las mujeres, al sistema de capacitación descentralizado, al sistema de información, a la calidad de los materiales educativos y otros. La suma de esfuerzos y los acuerdos de cooperación garantizan la continuidad de las acciones.

        En Brasil, la Pastoral del Niño y de la Niña cuenta con el apoyo financiero del Gobierno Federal, a través del Ministerio de Salud, que desde 1985 es el principal financista. Gracias a su credibilidad, ha conquistado también el apoyo de gobiernos estatales y municipales, empresas y otros. Así como sucedió en Brasil, el UNICEF generalmente es una de las primeras entidades en brindar apoyo financiero a la Pastoral del Niño y de la Niña cuando inicia sus actividades en un nuevo país.

        ¡Hay mucho por hacer! La declaración del milenio, aprobada por las Naciones Unidas en Septiembre de 2000, establece ocho metas a ser alcanzadas hasta 2015, entre ellas erradicar la pobreza y el hambre, reducir la
mortalidad infantil y aumentar la autonomía de las mujeres. Estos objetivos sólo serán conquistados con la suma  de esfuerzos entre religiones, gobiernos, organizaciones no gubernamentales, empresas, medios de comunicación y la sociedad en general.

        La Pastoral del Niño y de la Niña de Brasil contribuye para que estos objetivos sean alcanzados, diseminando su misión de Fe y Vida, al transferir para otros países su metodología y experiencia de 25 años. Promover el desarrollo integral de los niños y las niñas, desde el vientre materno a los seis años de edad, en su contexto familiar y comunitario, significa participar de a construcción de un mundo más justo y fraterno, al servicio de la vida y de la esperanza.






Con un cariñoso abrazo,


Dr. Zilda Arns Neumann
Médica Pediatra y Especialista en Salubridad
Fundadora de la Pastoral del Niño y de la Niño

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