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Peace. Pax. Friede. Pace. Paix.
Shalom. Salaam. Axé. Heiwa. Paz.
En
todo el mundo, esta es la palabra de orden, el gran
desafio del tercer milenio. Un desafio que más
que el silencio de las armas, consiste en la construcción
de una cultura de la paz, a partir del niño en
su contexto familiar y comunitario y a través
de la suma de esfuerzos en la dirección de la
inclusión social.
Esta
es la acción de la Pastoral del Niño,
entidad que en 2002 completa 19 años de trabajo
continuo de promoción de la salud, de prevención
de las enfermedades, de mejora de la calidad de vida,
de prevención de la violencia a través
de la construcción de la cultura de paz en nuestro
día a día. Es un trabajo que se realiza
en 32.743 comunidades organizadas en bolsones de pobreza
y miseria del campo y de la ciudad, en 3.555 municipios
de todos los estados brasileños. Son más
de 153 mil voluntarios que acompañan 1.635.461
niños necesitados menores de seis años
de edad y 76.842 gestantes, comprendiendo 1.135.969
familias.
En
Brasil, a pesar de los avances de la última década,
la situación de desigualdad social es aún
un gran obstáculo. De acuerdo a recientes pesquisas
(1),
el país mantiene, en los últimos 20 años,
una de las mayores distancias entre pobres y ricos en
la distribución de renta. Además, entre
los pobres, existe un foso aún mayor cuando se
compara la situación económica de los
negros y pardos con la de los blancos (2).
Esa situación es favorable para el surgimiento
de innúmeros problemas, entre ellos la violencia,
en sus más variadas formas.
Como
la Pastoral del Niño actúa exclusivamente
en áreas pobres y miserables, se depara en su
actuación diaria, con los efectos de la desigualdad
social, como el desempleo, falta de vivienda y de alimentación
adecuada, alcoholismo, drogas, disgregamiento familiar.
Por lo tanto la Pastoral fundamenta su acción
especialmente en la recuperación y en el fortalecimiento
de la red social. El trabajo capilarizado de los más
de 130 mil líderes comunitarios, que viven y
actúan en la propia vecindad es esencial para
identificar focos de dificultades en el relacionamiento
entre las familias y entre las personas de la comunidad,
así como la ayuda para organizar esas poblaciones
para participar de las decisiones sobre las políticas
públicas que los afectan.
Euménica
e suprapartidaria, la Pastoral del Niño, desarrolla
todas todas sus actividades sin distinción de
raza, color, creencia religiosa u opción política
de sus voluntarios e de las familias atendidas. Así
se destaca la idea de que todos somos una única
familia, en que el sufrimiento de uno alcanza al otro
y la victoria de uno es la conquista de muchos, generando
compromiso y fortaleciendo los vinculos de solidaridad.
Al
valorizar el protagonismo de cada uno, voluntarios y
familiares, en la transformación de su propia
realidad y en la garantía de la calidad de vida
para los niños de las comunidades en que viven
con sus familias, la Pastoral rompe el ciclo de exclusión
que hace millones de brasileños pasivos en su
historia.
Las
acciones básicas de salud, nutrición,
ciudadanía y educación comunitarias, desarrolladas
por la Pastoral del Niño, generan y fortalecen
la paz, porque, en su contexto estimulam los cuidados
de las madres con los niños, de los padres con
la familia, de la comunidad con sus gestantes y niños,
además de incentivar en todos el compromiso con
sus derechos y deberes, con la transformación
de la realidad. La red de solidaridad humana que se
forma con objetivos definidos y práctica de acciones
concretas, fortalece el respeto entre las personas,
la convivencia con lo diferente, la partición
de sueños e ideales y por consiguiente la paz.
Cuidando
la semilla
1
- "La seguridad alimentar y nutricional es el derecho
humano a la alimentación en Brasil". IPEA,
marzo/2002.(volta)
2
- "Desigualdades raciales en Brasil". Roberto
Borges Martins/IPEA,2002. (volta)
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