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La
metodología de la Pastoral del Niño parte
de la idea de que la solución de los problemas
sociales necesita de la solidaridad humana, organizada
y animada en conjunto, con objetivos definidos y que
el principal agente de transformación está
en el propio liderazgo de las comunidades pobres y miserables.
En la Pastoral del Niño, más del 90% de
los voluntarios son mujeres pobres, lo que refuerza
la importancia de su envolvimiento en el cambio social.
Al transformar sus propias familias y comunidades, ellas
realizan una verdadera revolución rescatando
valores y prácticas de valorización de
la vida.
Uniendo
la fe y el compromiso social, la Pastoral del Niño
organiza a las comunidades alrededor de un trabajo de
promoción humana de combate a la mortalidad infantil,
desnutrición, a la violencia doméstica
y a la marginalidad social. Además de eso, ayuda
eficazmente en la educación para promover la
paz y la mejoría de la calidad de vida de más
de un millón de familias acompañadas todos
los meses. El trabajo esencial es la organización
de la comunidad y la capacitación de los líderes
voluntarios que viven allí y asumen la tarea
de orientar y acompañar a las familias vecinas,
para que ellas sean los artífices de su propia
transformación personal y social.
La
experiencia de estos 19 años de trabajo demuestra
que la garantía de la calidad de vida y de iguales
oportunidades para todas las personas depende de la
transformación de la trama social y de políticas
públicas dirigidas a los más necesitados.
Esta es una tarea debe ser compartida entre el gobierno,
empresarios y la sociedad civil, tomando como llave
del suceso el protagonismo de los excluidos. Por eso,
las asociaciones entre esos sectores son de fundamental
importancia en la búsqueda de la realización
de un trabajo eficaz, que realmente llegue a las familias
y a las comunidades, envolviendo a los protagonistas,
como actores directos de su propia transformación
social.
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